El agua de lluvia permea en las estructuras inservibles y corroídas por la corrupción

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La mega estructura inaugurada a tambor batiente y no precisamente pensando en la comodidad del justiciable o de los funcionarios judiciales sino más bien con el fin de eternizar el nombre de algunos que tal vez ni se merezcan estar en los anales de la historia paraguaya.

Quienes fueron los beneficiados con la “majestuosa” obra sabrán a ciencia cierta cuáles son las deficiencias que presenta la estructura de acero y concreto que se enaltece con el mástil más extraordinario y de mayor envergadura de la República, queriendo tal vez indicar a propios y extraños donde se ubica la casa de astrea en el Este de la República.

La noticia que llega desde el km 8 de Ciudad del Este es que en cada evento meteorológico de lluvia, el lujoso y costosa casa de la justicia, se ve envuelta en una terrible crisis debido a la gran cantidad de agua que se filtra de los techos a los distintos pisos del Palacio de Justicia de dicha zona.

Cada rincón del recinto sagrado de la justicia se convierten en acuarios que ven desfilar las averías de los equipos electrónicos o la tragedia de los expedientes no electrónicos que se vuelven añicos tras las aguas que arrazan las instalaciones.

Tal vez no sean solo pérdidas materiales, algún que otro trabajo intelectual guardado en las máquinas, o alguna esperanza de libertad o de finiquitos de pleitos judiciales se funden en el charco de agua que envuelve y azota las oficinas.

Los comentarios de los pasillos y las redes sociales hablan de una licitación a medida del amigo de turno que no precisamente deposita el diezmo los domingos en la misa, sino más bien en alguna billetera electrónica hábida de estrenar algún lujoso departamento o algún fenomenal cero kilómetro.

La justicia debe hablar y no mantenerse ciega ante tamaña corrupción, tan grande como la estructura misma que hace aguas y deja en evidencia la corrupción pública privada a la orden del día.